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domingo, 3 de julio de 2016

Philadelphia

     A raíz del Día del Orgullo Gay, que se ha celebrado recientemente, os traigo una película muy especial de 1993 dirigida por el director de El Silencio de los Corderos. Todo un clásico que quizás a los más jóvenes les resulte desconocida. Juro que la entrada está libre de spoilers.


     Protagonizada por Tom Hanks, ganador de un Oscar, un Globo de Oro y un Oso de Plata por su interpretación, nos puede ayudar a entender la merecida fama de este actor. Extremadamente delgado, enfermizo, débil, nos cuenta la historia de un homosexual que padece una dura enfermedad: el sida.

     Además de enfrentarse a las dificultades propias de su enfermedad, debe hacer frente a la "muerte social" - en palabras del propio guión - que le acontece antes de la posible llegada de la muerte física - por aquel entonces más certera que ahora -. Esta "muerte social" comienza en el instante en que es despedido al descubrir sus jefes su orientación sexual y su enfermedad por las marcas visibles que deja el sida en su piel. Decide hacer frente al despido improcedente en los tribunales y a la vez hacer pública su vida privada, con la repercusión que ello ocasiona en su vida.

     En muchos de los diálogos se pueden reconocer infinidad de argumentos homófobos, quizás en su momento menos encubiertos que ahora, pero igual de arraigados en nuestra sociedad. Es sin duda un logro de la película el mostrar tal y como son los auténticos pensamientos de muchos, y ponerlos ante los ojos de todos para obligar a la reflexión.

     Muchos de los planos empleados son empleados también de forma inteligente para ayudar a colocarse en la piel del protagonista. Desde planos aberrantes profundamente estresantes, a planos picados en los que se muestra la fragilidad del enfermo. Todos ellos cumplen el objetivo principal: sentir lo que él siente, emocionarse con su narrativa, y profundizar en la historia más allá de lo anecdótico,

     Resulta imposible no destacar la banda sonora, desde el género operístico empleado de forma magistral  para explicar los sentimientos del protagonista, al clásico de Bruce Springsteen compuesto para esta película y que recibió también un Oscar.

    Todos sus elementos hacen de esta una película pensada para emocionar al espectador y hacerle reflexionar sobre un tema que en su momento resultó muy novedoso y sobre el que aún quedan muchas cosas que decir: al exclusión a la que se ven sometidas las personas de orientaciones diferentes a la heterosexualidad.

     No os garantizo que vayáis a enamoraros de este film, pero sí creo que merece la pena lo que quiere transmitir, así como la lectura que se puede hacer del mismo 23 años después: ¿hemos mejorado en algo como sociedad?

     Como ya es costumbre, queda en vuestras manos juzgar si es una película que merezca la pena ver.

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